Supongo que es culpa de mi divertida imaginación.
Ella que se empeña en restregarme lo bonito que puede ser todo.
Luego llega la señora realidad y me suelta una bofetada…
No sé muy bien por que me dejo. Ni por que me quejo.
La culpa es mía, absoluta y completamente mía.
Tropezar dos veces con la misma piedra dicen que es algo común en los hombres;
pero creo que esa piedra y yo ya debemos vivir juntas.